Yo viajaré contigo.
Comeremos helado de vainilla en Verona a la luz de sus farolas y recorremos Venecia perdiéndonos entre gondoleros hartos de remar.
Viajaré contigo hacia el Mar y la Montaña.
Tomaremos baños desnudos de agua salada que nos purifiquen del pecado de sernos, y encenderemos chimeneas a la luz de las estrellas para calentarnos del frío que a veces da la vida.
Viajaré contigo, sobre todo, en el placer de tu cuerpo y en el dolor de tu sangre.
En la suma alegría de tu risa que me enciende.
Saberte en el recorrido de tus venas, de tus latidos, pum pum, pum pum.
Saberte vivo y a mi lado.
Saberte libre y salvaje.
Sabernos juntos y a salvo.
De terrores vacuos y miedos prestados.
Desarmados en la certeza de sabernos infinitos, en esta y muchas vidas más allá, confiando que allí donde estamos es el único lugar posible en el que pudiéramos estar.
Que no llegamos a nuestra vida por azar sino por Destino.
Que es uno y perfecto.
Como lo es el viento en tu pelo y la brisa del alma.
Que nos hace sonreír y seguir viajándonos, por el simple placer de recorrernos.

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