A veces me voy, como las olas, como el Mar que siempre vuelve.
Me voy porque me inundo del mundo que me abruma y me salpica de historias vanas o dolorosas y necesito, como el agua, retirarme de la orilla para danzar en mar abierto.
Hasta allí no llegan los barcos, en el fondo solo hay silencio y colores bellos y el horizonte está al alcance de mi mano.
Me imbuyo de arte para reconciliarme con la vida.
Música, imágenes, palabras ordenadas...
En el proceso de sístole y diástole que es la Vida a veces esas pulsiones llevan ritmos diferentes y hay que entrenar.
Para no quedarse atrás y para frenar cuando parece que hay que correr.
Ser un ser sensible me dotó de cientos de particularidades, como a tantos otros, acompañadas éstas de su correspondiente opuesto, y dependiendo del momento disfruto de algunas y remo con otras.
Me gusta sentir.
Disfruto cuando el Sol toca mi cara, cuando el agua de la ducha me limpia de un día denso, repiqueteando en la piel y salpicando la pared.
Me fascinan las tormentas de verano y acostumbro a que ocurran milagros en esos momentos a mi alrededor.
Adoro ser capaz de ver belleza en casi cada rincón del planeta y como me llega tan hondo que me funde con el Todo.
Me río cada vez que mi pelo hace cosquillas a mis brazos desnudos en el balanceo del caminar.
Cualquier olor despierta en mí un millar de sensaciones.
La voz de una persona me puede alegrar el día porque veo las vidas que hay detrás de esa vibración concreta.
Me penetra la Luz de un bebé en brazos, con su serena inocencia y su respirar ausente de miedo.
Lloro a mares porque siento que me traicionan o porque me siento abandonada y sin consideración hacia mi sentir.
Porque presencio un amor o una muerte.
Porque sé que tocan días y noches negras.
Me abrocho en abrazos sentidos, entierro mi cara en pechos que me abrigan y descanso en la energía del otro que se hace mía también.
Hago el amor con amor y con deseo.
Y me elevo hacia el infinito disfrutando de sabores, olores, sonidos, caricias y latidos.
Soy un alma en un cuerpo y por eso no me olvido de cuidar sus experiencias materiales también.
El olvido de la materia nos invisibiliza y nos transforma en seres incompletos que cantan mantras en solitario mientras se quema el Amazonas.
Cada vez estamos más lejos para tocarnos y más cerca para rezarnos.
Estamos pasando de extremo a extremo, de un excesivo culto al cuerpo y lo material a encontrarte seres que, alcanzados por el deseo de eternidad e iluminación, se olvidan del trino que nos conforma: cuerpo, mente y espíritu.
Se vive en lo etéreo y se producen desequilibrios.
Constantemente.
Creo que lo más complicado de esta vida terrenal es el equilibrio y encontrar personas que sean conscientes de ello.
A los que percibimos la vida principalmente a través de los sentidos se nos denomina kinéstesicos.
Ya los filósofos antiguos debatían sobre fiarnos o no de nuestros sentidos y de si esa percepción era la realidad en sí.
Para un kinéstesico no existe duda.
Por los sentidos se vive y de ahí se configura nuestra realidad.
Por eso, hay temporadas que una se sabe pero no se encuentra del todo.
Vive, un día tras otro, todo parece normal.
Empieza a asomar la monotonía, el cansancio y la tristeza.
Lo achacas a tus circunstancias, esas que te dejaron molida hace unos meses.
Es normal. Te dices.
Las emociones se están recolocando, aún estás tocada, tardan más en recomponerse de ciertos vaivenes.
Y pasan los días.
Algunos mejor pero casi todos peor.
Pero tú no sabes que es peor.
Tú solo estás.
Tu cuerpo mortal y tu espíritu aparentemente, está.
Hasta que alguien que te conoce bien te hace algún comentario sobre placeres terrenales:
lo bien que sabe esa comida,
la risa que le da tal chiste,
lo guapo que es aquel que acaba de pasar.
"¿Quién?"
Joder.
De repente te caen todas las fichas de golpe.
Desde cuando no miras a un hombre con ojos de deseo,
desde cuando no sientes tacto de nadie, desde cuando no disfrutas de la comida como lo hacías antes,
desde cuando no compartes sexo con nadie.
Coño.
Estás apagada, marchita, esa no eres tú, o no quieres serlo.
Anhedonia.
Es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades.
Se considera una falta de reactividad a los estímulos habitualmente placenteros.
Y una ahí creyendo que eso era la vida, no recordándose de otra manera, rodeándose e impregnándose de pura superficialidad llenita de miedos y desconsuelo.
Hay mucha gente que vive en continua anhedonia y no lo sabe.
Creen que así es la realidad, como a veces sienten dolor, creen que es normal, que sí que sienten.
A veces se ríen.
A veces se acuestan con personas.
A veces creen que ese plato que les alimenta les nutre porque tiene sabor.
Pero no es verdad.
Es como la escena de Matrix.
Quién ha puesto este sabor al filete, quién me dio esa caricia que parecía real, quién me ha robado el mes de Abril...
Hay que tener ganas, fuerzas y valentía para salir de un estado de anestesia epidural.
Ojos abiertos y piernas dormidas.
La mente se puede volver loca intentando cacharlo.
Por eso saberse y recuperarse lo es todo.
Yo no concibo mi vida sin sentir.
Otras alegrías, otras penas, otras pieles, otros brazos, otros tactos...
Es darse amor y sentirse vivos.
Y el resto de las pegas mentales son más miedos y darse con medidas que otra cosa.
A mí déjame sentir.
Y si puedes, siente tú también.
Antes de que tu cuerpo no responda ni al cariño más bello,
con la intensidad que se merece.

El océano es azul y no porque el agua sea de color azul. Yo siento también y cada vez soy más consciente de ello. Siento desde dentro de mi desde siempre. Sentir es maravilloso porque te hace sentir la vida con intensidad. Yo he sentido todo lo que he vivido desde dentro de mi, sin sentirme a mi, en infinidad de ocasiones. ¿Se puede hacer esto? Si que se puede. Es una locura pero se puede. Es una locura porque conduce a eso precisamente. Ver la belleza que encierra cada ser es mi razón y tal vez mi desgracia. No ha habido nada más que eso. Veo tu belleza interior y la suya y la vuestra; pero y la mía dónde está. ¿La han visto? Si. Pero cada cual que ha pasado por mi vida siempre ha jugado sus propias cartas. En un determinado momento siempre me he quedado sólo, haciendo un solitario con una baraja que he tenido que inventarme sobre la marcha. De esto se derivan vacíos que no quiero que estén. Ha llegado el momento de llenarlos. Quiero llenarme de colores verdes, de mar, de bosques, de agua dulce, de cielo, de amaneceres, de tes acompañados, de comidas compartidas, de abrazos, de palabras y silencios, de altas montañas a las que acudir, ascender y coronar, de risas, de llantos y de todo lo que vibre como yo. Tus palabras son como ecos que resuenan en mi, porque he pensado en ellas muchas veces en estos últimos meses. Es cierto que somos cuerpo, mente y espíritu. Pero a esta triada la veo de otra forma. Mi forma de sentir es una de mis cualidades y de mis debilidades. Alcanzar para mi el equilibrio es integrar mi sentir en mi, primero. Esta es la asignatura que me quedó pendiente hasta ahora. Es mi mayor vacío. Yo no se solo disfrutar desde la materia. No se cómo explicar esto, pero es así. Siempre ha sido así. Bueno, que me enrollo. Espero volver a leerte pronto.
ResponderEliminarEl océano es azul porque refleja el inmenso cielo, el Yin y el Yang, siempre las polaridades en la que todo es lo mismo con distintas caras de las monedas.
ResponderEliminarTe animo a sentir todo eso que dices, esos colores y formas desde ti y desde tu manera, que no tiene porqué corresponder con la de nadie más.
Nadie disfruta solo de la materia. La materia está compuesta de energía. Cada bocado de comemos, cada ropa que nos arropa, son materia pero también energía.
A mí me llega esa energía, me penetra en mis células y en mi memoria más antigua.
Por eso la disfruto. Porque conforma parte del todo.
No dudes de los ojos bellos de quién también sabe mirar.
Tu belleza se presenta al universo y ya es hermosa "per se".
La integración de nuestro sentir es fundamental porque de ahí parten todos los sentires hacia el mundo externo.
Muchos estamos en ese camino, y aunque a veces solitario, en ocasiones hay luz que nos llena y nos acompaña.
Te deseo toda eso que anhelas tanto.
Que los colores verdes te acompañen y los vivas en plenitud.
Estoy segura de que así es ya.
Un abrazo sentido, gracias por compartir por aquí también tus palabras y tus emociones que nos hacen sentirnos más acompañados.