Pienso ahora en como nuestras vidas se entrelazan, suave o violentamente, para bien o para mal.
En este Enero pequeñito en el que estamos y al que llamamos Septiembre, observo como todos nos movemos cual hormiguitas, con algo de prisa y poca pausa, haciendo acopio de víveres y enseres para el frío que intuímos se acerca.
Era allá por finales de Marzo, cuando aún no llegaba la calor ni a mi frente ni a mi pecho, cuando intentaba salir poquito a poco a este mundo del que, como mi querida Mafalda, por fuerza me había bajado por un rato, sobrepasada de incomprensión y deseosa de calma.
Dicen que es muy fácil salir de este mundo para evitar que te hagan daño, pero que volver es complicadísimo.
Yo creo que las dos cosas son difíciles.
Apearse del vagón en marcha no fue sencillo pero sí obligado y lleno de dolor, pura supervivencia.
"Quien quiera nacer, tiene que destruir un mundo."
Y así sucedió.
Volver fue un acto consciente y voluntarioso, lleno de valentía, miedo y la fe del salto al vacío, con la confianza de que habría agua en la piscina a la que se saltaba, y que si no, ya la iríamos llenando cubito a cubito.
La verdad es que mucha agua no había, menuda sorpresa.
Tocó recomponer un mundo que ya no existía más que dentro de mí, trasladarlo fuera, con personajes apenas existentes.
Con miedo y cuidado, mucho cuidado, fui creando mi microcosmos, eligiendo delicadamente con quién intercambiaba energías y observando con cautela si eso mejoraba mi vida a corto y medio plazo.
Era una tarea complicada, y aún así, por fuerza, intuición y ganas, fue dándose un poquito de forma y consolándome de la desesperanza que había sentido meses atrás.
Crucé mi vida con personas, y éstas conmigo. Pocas. Bien. Pasito a pasito.
Yo, como casi todos, ignoraba donde me iba a llevar el siguiente paso, pero el caso es que me iba sintiendo en el camino.
Destino incógnita, pero caminando como Machado.
Dicen que en estos momentos cibernéticos estamos a un "click" de cambiar nuestra vida.
Y es totalmente cierto.
Ahora me doy ligera cuenta de dónde me han llevado pequeñas decisiones escogidas casi aparentemente por azar.
A cuidarme con conciencia, a conocer, a recuperarme un poco en mi centro, en quién soy yo por dentro y reflejarlo por fuera.
A compartir.
A acompañar y sentirme acompañada.
A vivir experiencias, de a poquito, que me guían en mi camino más íntimo y personal para mi crecimiento y evolución.
A sentir.
Me siento agradecida.
A haberme prestado toda la atención del mundo y seguir haciéndolo.
A atenderme en mi intuición que me sorprende con la magia de la sencillez de los resultados.
A los que hemos decidido acompañarnos y darnos cuidados, atenciones y cariño.
Por haber aparecido y habernos querido quedar.
Por tomar cada día esa decisión.
Porque eso nos haga sentir mejor, los unos con los otros.
A veces aún siento miedo.
De que esto pequeño que para mí es mi mundo y que mimo de la mejor manera que sé se me desmorone y no sepa cómo ni dónde se fue y ya no tenga ganas de volver a construir.
Son nubes que aparecen y me hacen ver lo humana que soy.
Que la posibilidad de la pérdida siempre removerá porque ya no se quiere sufrir más.
Aún consciente de que no todas las ausencias tengan que conllevar dolor, una se sabe para distinguir que algunas muy posiblemente sí.
Y que eso no son sólo apegos sino sentimientos más profundos de conexiones y vínculos más allá de lo tangible y mundano.
A los que no sabemos calibrar con exactitud la cantidad de provisiones necesarias para el invierno, la frialdad del mismo se nos antoja más compleja y mecánica.
Nos asombra como el funcionamiento automático de la vida hace al mundo despertar y buscar a Susan desesperadamente, a poder ser con kit de Batamanta y Netflix incluido.
Es humano y comprensible buscar el calor en el invierno.
Ojalá sepamos darnos a nosotros mismos primero ese cuidado y esa calidez para poder ofrecer a otros no solo una estufa maltrecha, sino un Sol brillante como verdadera fuente de luz y calor que nos alumbre y acompañe.
Porque así, el invierno es menos invierno y el verano llega desde dentro de nuestro corazón.
*Ilustración: Morgan Davidson

A veces uno se topa de sopetón con uno de esos textos que manan del mismo alma y con ellos se despiertan emociones profundas que te conectan con el universo. Tú nunca estarás sola. Yo lo veo porque te miro desde dentro y se que dentro de ti está el universo. Eso es algo que aun no ves pero que si intuyes. Recuerda, tu ya conoces las leyes universales. Yo intuyo que tu propósito es mostrar al mundo esas leyes. Me ha encantado leerte. Eres luz de sol y estrellas. No dejes de escribir cuando lo sientas y no dejes de compartir porque eso te hace aún más grande de lo que ya eres. Y encima metes a colación a mi querido Machado y ya está todo en su sitio. Muchas gracias por todo, amiga del alma!!!
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